13 Mayo 2006
La luna estaba sola, en su amplia habitación, deseaba más que nunca poder hablar con alguien…pero no encontró a nadie que la quisiera escuchar. Veía un montón de puntitos brillantes a su alrededor… ¡Qué tontería! Ellos estaban allí por casualidad…Ella estaba sola, completamente sola.
Una vez cuando despertó de su largo sueño (algunos lo llaman día…), descubrió que estaba en la mas absoluta oscuridad, esos puntitos insignificantes que antes brillaban se habían apagado… ¿Qué había pasado? ¿Por qué pasaba eso? ¡Cómo las echaba de menos! Ahora se daba cuenta de que nunca había estado sola, y ahora, por no haberse dado cuenta si que lo estaba. No conseguía ver nada, todo era oscuro, y con el tiempo tuvo que aprender a sacar su propia luz (algunos dicen que es la que refleja del sol…pero bueno todos necesitamos aprender de alguien y por tanto reflejar de el ¿No?).
Comenzó a brillar y fue iluminando a todas las estrellas que estaban a su alrededor.
- ¡Qué tonta he sido! No me he dado cuenta de que cuando pensaba que no era importante que nada brillara fui yo la que me apague y en la oscuridad no podía ver las estrellas…
- Sólo necesitabas darte cuenta de lo que brillas, para ver el brillo de las estrellas.
La luna sonrió, y miró a su alrededor. Era muy afortunada.
La gente en la tierra la observaban, algunos al mirarla pensaban que la luna se estaba riendo de ellos, esos les disgustaba; a otros les hacia reír.
Otra gente veían una sonrisa tierna, la que de verdad tenia, la de una niña que acaba de descubrir que sus estrellas brillan alrededor de ella y la hacen brillar con toda su fuerza.
Solo esas personas consiguieron devolverle la sonrisa, saber que mucha gente también la miraba en ese momento y por eso les lanzaban una sonrisa también a todos ellos.
Un muchacho, que en ese momento estaba pensando todo esto, pensó en quienes eran sus estrellas y descubrió que eran sus amigos, su familia, su gente e incluso las personas con las que no había hablado nunca, pero estaban ahí, incluso sin estar con él, estando con la gente que le importaba.
Pensó en la luna…y se puso a llamar a todos sus amigos, solo para hablar un rato con ellos, pues eran sus estrellas y no quería que se pagaran. Pensó en el sol, era imposible que el sol y la luna se vieran, vivían en mundos distintos...sin embargo también llamó a su sol para darle las gracias por iluminar los días hasta su llegada.
(Tú ya eres mi estrella, ¿Me dejas que sea yo la tuya? No te apagues nunca…)
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26 Abril 2006
Le repartió un tulipán a cada uno, un tulipán naranja, su color preferido.
Nunca se fijaría en ella, ya fuera d naranja o amarillo, gritara o se quedara callada. No era el tipo de chico que pudiera conseguir, por eso se quedo en sus manos, como una tonta, esperando que la contemplase.
No es tan difícil, pensó, al fin y al cabo soy naranja, llamo fácilmente la atención, e incluso algunos afirman que soy muy bella, ¿Por qué no se iba a fijar en mí? Me tiene en sus manos, no ha rechazado cogerme… ¿Porqué no iba a mirarme?
Pero algo se lo dijo: el campo esta lleno de flores preciosas sin arrancar. Flores que no se marchitarán en dos días.
Puede escoger la flor que quiera de ese gran jardín, la que quiera, y alguien, no sabes porque te ha puesto a ti en sus manos. Pero seguramente escogerá tirarte al suelo, es normal, a ti ya te tiene, lo que ambicionará será una bella flor del final del campo.
Eso estabas tú pensando cuando despertaste. Te preguntabas por qué sueñas con flores con la excusa de soñar contigo. Te preguntabas si eras un tulipán, que realmente estaba en sus manos o un girasol que se gira para mirarlo, si él te miró o prefirió irse a buscar la flor más lejana.
Eran demasiadas preguntas, no olvidemos que te acababas de despertar.
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24 Abril 2006
Fue un largo viaje.
Salió el día anterior, con la luna observándola desde lo alto y el reloj de la estación anunciándole que ya pasaban en dos horas la madrugada (y eso que se había propuesto salir antes de que acabara el día anterior…), pero aunque estaba cansada por el viaje que tanto había durado, en cuanto el tren se paró cogió su mochila, se levanto y se dispuso a bajar del tren. Antes de hacerlo miró un momento por la ventanilla a los que ya habían pisado aquella estación bañada por el sol de la mañana, que hacia poco mas de una hora había decidido iluminarla, ellos encontraban a sus familiares y amigos esperándolos, recibían un fuerte abrazo y numerosos besos nada mas bajar del tren, sentía añoranza que confundía con envidia.
Se deslizó silenciosamente por el pasillo que la separaba de la salida y más tarde de tres o cuatro escalones que la hacían volver a pisar la realidad.
No había nadie esperándola, nadie le daría un beso, ni siquiera un abrazo, nadie le diría que la había echado de menos o que se alegraba de verla, y ella lo sabía, sabia que no había nadie ni nadie vendría. Aún así se quedo allí de pie, en mitad de la estación, el sol le regalaba toda una mañana en soledad, con recuerdos disfrazados de envidia.
Puso su mochila en el suelo y se quedo allí, apoyada en una maquina de esas que por una moneda te dan un lata de refresco, decidió pararse allí a esperar.
Ninguna persona, de todas las que pasaban por allí, se fijo en ella, no la miraban, no les importaba, no era mas que una muchacha que aprecia estar esperando a unos acompañantes que todavía no habían llegado, algo normal; lo que no sabían es que no iba a venir nadie, que nadie sabia que había llegado a esa estación, nadie sabia que había echo ese viaje, nadie se preocupaba por ella, a nadie le importaba, por eso se había ido, no se puede decir que hubiese huido, ella no lo sentía así, tampoco es que hubiese escapado, al fin y al cabo era feliz, tenia una vida normal, mas bien necesitaba escapar para comprobar que no había nadie esperándola en la estación al bajar, tras un largo viaje, de su tren.
No sabia cuanto tiempo llevaba allí, puede que tan solo unos minutos, quizás horas, pero si alguien le hubiese preguntado en que pensaba le habría contestado “nada” y aunque no la hubiesen creído decía la verdad, no pensaba en nada pues no era su mente la que contestaba a la pregunta que se había echo, esa ya estaba contestada y la respuesta era nadie, no le hacia falta pensar mas…
- Lo siento, pero es que había un atasco y he tardado un poco mas en llegar, además tengo que reconocer que tarde un poco en saber lo que te proponías…
- Es imposible… ¿Cómo sabias que estaba aquí?
- No lo sé, solo lo sabia.
- No lo entiendes, aquí no hay nadie…solo yo. Una puerta cerrada y sin salida, para no poder escapar.
- Pues ábreme la puerta y déjame entrar en tu vida, ¿O tengo que superar alguna prueba mas?
- No, el único requisito para abrirte era que encontraras esa puerta y llamaras a ella.
- Demasiado simple para ti, ¿No crees?
- Yo también necesito alguien que me quiera…
La cogió de la mano, siempre le había parecido que era ella quien iba a guiar sus pasos, la que reenseñaba el camino correcto y ahora comprendía que lo único que necesitaba era que la cogieran de la mano y le dieran un beso.
El amor para ella era eso, que fuera a buscarla a la estación, y él nunca, hasta ahora, lo había comprendido…
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15 Abril 2006
Se escuchan unos acordes acallados por el olor de una brisa de viento que recorre las calles poco a poco, como si solo paseara por ellas disfrutando de cada detalle, buscando cada hueco por el que poder colarse a llevar el calor en pleno invierno.
Tenías las ventanas cerradas a cal y canto, ni siquiera habías encendido la luz de tu habitación al entrar, ni siquiera te habías fijado que hoy hacia sol… ¿O estaba nevando? No sabias si estabas durmiendo, ni siquiera sabias si estabas despierta para recibir esa visita.
Nadie pregunto si querías subir las persianas, abrir las cortinas y dejar escapar por las ventanas ya abiertas tu soledad y tu tristeza, sin dejar ningún rastro de ella.
Se coló en tu casa la brisa que vagaba por los jardines oliendo el jazmín que alguien había olvidado en sus recuerdos y pudiste por fin escuchar aquella bella melodía que desde hace un tiempo oías, pero no escuchabas.
Era bella y armoniosa, y de ella escapaban miles de acordes en cada nota para colarse hacia lo mas hondo de tu corazón y pedirte (¿Por qué no?) un pedazo de tu vida. No te negaste, tampoco dijiste que si, parecía que lo habías decidido mucho antes de escucharla, querías ir con ella.
Te arrastró, o mas bien te cogió de la mano en un suspiro, te llevo donde un momento es especial y lo especial es la vida en si misma, el momento.
Dejó que olieras lo que nunca te habías atrevido y que escogieras lo que prometiste no escoger. Llenó tu vida de aromas, de luz y alegría y ahora eres tu quien tienes en tu mano la guitarra, y quieren que toques esa canción otra vez.
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14 Abril 2006
Tenía los ojos cerrados. Estaba preciosa. Llevaba un vestido de fiesta, azul, largo hasta los tobillos y un tocado muy exquisito que seguramente le habría hecho su criada.
El príncipe se acercó a ella, en aquellos tiempos no estaban bien vistas las relaciones antes del matrimonio, por eso los deseos ocultos del apuesto príncipe eran casarse con ella, vivir siempre con ella, y, como acaban este tipo de cuentos, ser felices y comer perdices.
La hermosa dama se movió ligeramente y un segundo después entreabrió los ojos, al verlo se dibujo en su cara una tenue sonrisa. El la cogió de la mano y empezó a andar, ella sin dudarlo, lo siguió.
Llegaron a uno de los bellos jardines con que contaba el palacio, se miraron. Ella todavía no había dicho nada…
- Cuando te cogí no me preguntaste a donde te llevaba.
- No hacia falta, me da igual donde ir, siempre que seas tu quien me lleves.
No hizo falta decir nada mas, el conjuro que tiempo atrás le había echado una bruja, por el cual mantenía preso su corazón en una cárcel de piedra hasta que por primera vez alguien que la quisiera, supiera tratarla como ella necesitaba que la tratasen, se rompió de inmediato.
Quizás ella no se lo merecía, quizás a el no le importaba si se lo merecía o no; el caso es que este cuento no acaba con fueron felices y comieron perdices…o si...
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12 Abril 2006
Hay un pequeño rincón en su alma en al que guardaba sus recuerdos, sus anhelos y sus pensamientos hasta que un día su madre haciendo limpieza los descubrió, que triste se sentía en ese momento, le habían robado lo único que tenia, lo único que había tenido nunca…
Apenas se le escapó una lágrima insignificante, no volvió a llorar. A partir de aquel momento empezó a notar como crecía.
Su corazón siempre estuvo rasgado, sus alas rotas y su alma malherida y sin embargo nunca lloró, se puede decir que era fuerte, lo que nadie sabia es que era demasiado débil como para llorar. Cuando pensaban que era dulce y fácil se encontraban a la chica de hiero que cierra las puertas de su vida a todo el mundo, puede que incluso un poco a si misma; y cuando pensaban que era una chica dura e inaccesible ella lamentaba que no se dieran cuenta de su incapacidad para mantener el equilibrio, de la necesidad del abrazo que siempre se había negado.
No sentía pena por si misma, siempre había aborrecido el sentir lastima de alguien y no permitía que nadie la sintiera por ella, prefería sentir pena por los demás, porque no eran capaces de conocerla, porque no la querían (seguramente con razón) o la querían sin saber quien era.
Le aburría el mundo e incluso le aburría su mundo, pero temía que al saltar desde un acantilado seria incapaz de volar y dejarse llevar por el viento como hacían las cometas, pues nunca había tenido nadie que volara su cometa.
Y hoy era el día, desde aquel lejano momento en que su madre encontró sus cosas haciendo limpieza, en que volvía a llorar.
No sabia porque y tampoco le interesaba, el desencadenante había sido el encontrar uno de sus libros mal colocado después de la visita de un conocido que insistía en llamarse amigo, lo habría cogido y dejado mal, algo sin mucha importancia, pero ella se echó a llorar.
Lloró, al principio una solitaria lágrima recorrió su mejilla, pero luego, para su sorpresa, la siguió otra, y tras ella un millón más que se arremolinaban en sus ojos y no podía retener, mejor dicho, no quería retener. Lloraba, lloraba, lloraba.
Cuando acabó, cogió el teléfono, hacia mucho que había retrasado esa llamada, era el momento de hacerla.
- Llamas con siglos de retraso.
- Quiero que vuelvas
Y así fue como su ilusión tras asegurarse de que cumplía una serie de condiciones (como por ejemplo de que tenia muchas sonrisas listas para regalar) volvió a su lado, en realidad consiguió engañarla muy bien, no se dio cuenta de que nunca se marchó, solo estuvo callada durante algún tiempo…siglos que los llamaba ella, pues para los sentimientos el tiempo no pasa tan lento como para nosotros.

servido por finalesfelices
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11 Abril 2006
No estoy y sigo aquí, tengo ganas de llorar y sin embargo estoy delante de un teclado intentando que se consuman mis lágrimas en unas palabras que siempre estarán incompletas porque no pueden expresar como me siento.
Pienso que no soy yo la que escribe, que es solo mi mente atormentada de ideas que necesita aclarar, quizá si las pongo por escrito...
Y sigo reprimiendo unas lágrimas que sé que nunca derramaré, porque hace un tiempo conseguí cerrar el cerrojo de mi vida, cerré la puerta de un portazo; me encerré dentro pensando en lo que podía perder si salía y no en lo que ganaba con el aire y el sol de las mañanas.
Pensé en no respirar el aire frío que envolvía mis mañanas de invierno, en no ver los árboles derrumbados, que no hacían mas que caer a mi alrededor, y cada vez que alguien llamaba a mi puerta decía que abro enseguida mientras echo otro cerrojo...pero no se lo digas a nadie, ¿u olvidas que yo soy la chica del corazón de hierro?
La que no siente y no olvida, la que no llora nada mas que por ella, la que esconde sus poesías en cajones, que abre cada mañana para releer los pedazos del corazón que sabe que enterró junto con la desconfianza al mundo, junto con sus primeros temores, lo enterró justo cuando descubrió que te pueden hacer daño, que te pueden mentir, que tu felicidad se va en un ataúd y, tu, inocente, con solo cuatro años decides que lo mejor es meterlo dentro de esa tumba.
Y ahora, ilusa, lo quieres desenterrar, imposible te repites y te ves desafiando la guerra del puedo con el quiero, y apostando, para tu sorpresa, por la victoria del quiero.
Y me aburro, de esperar, de mirarte, de tus ojos y de tus labios, de tus palabras que no me dicen nada, de la mano que me sujeta siempre, me aburre, aunque desearía con toda mi alma que no lo hiciera.
Quiero una risa, no de esas que cada día muestro, mas como una mueca que como otra cosa; no quiero una risa de mi boca, quiero la risa de mi corazón, de mi alma, la que me demuestra que soy feliz, la que me asegura que soy la única persona capaz de desenterrar la llave que te abre la vida, en un oscuro cementerio, y cogerla de las manos, posadas junto al corazón, de la persona a quien mas echas de menos...
¿Pero sabrás el camino de vuelta del cementerio?
servido por finalesfelices
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